10 December, 2015

Acuerdo con las FARC, el tema del año entrante

Darío Vargas, socio senior de Dattis

Se firme o no, y hay que esperar que se termine firmando, el Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera será la noticia de buena parte del año entrante.

Si, repetimos, se llega a firmar, lo cual ya será lo suficientemente ruidoso para volverse tema de todas y todos en nuestro país, vendrá enseguida el tire y afloje plebiscitario. Este ya tiene ganado una buena parte del recorrido con la ley que busca eliminar el umbral y rebajar el porcentaje de votos necesarios por el sí que deben sufragarse para que se apruebe, por voto popular, el mencionado acuerdo.

Sobre esto una breve digresión: se perdió la oportunidad, señalada por el estadígrafo y exministro José Fernando Isaza que lógicamente propuso que el voto por el NO debía ser lo que se aprobara. Si no se alcanzaba el umbral (porcentaje total de votos), el acuerdo quedaba refrendado.

Volviendo al tema. Los gobernadores y las asambleas, los alcaldes y sus coadministradores, los concejos de cada ciudad, no se habrán sentado en sus butacas cuando los vientos ciclónicos del acuerdo pasarán por los municipios de Colombia devastando la agenda política. Mandatario local que se descuide corre el riesgo de pasar inadvertido en el primer año de su gobierno.

Claro está, salvo que se agarre del henchido velamen del llamado posconflicto. Y eso no es necesariamente una buena jugada política. Ese período, que no tiene fecha de expiración, va a generar dolores de cabeza que, en muchos casos, serán mayores que muchos de los que protagonizan las FARC.

En tiempos de afugias, no sabemos muy bien cuánto va a costar ese proceso. Si estuviésemos en la buena no sería tan grave, pero en estos momentos de estrechez fiscal si sería pertinente que se conociera una cifra, así sea aproximada, de la dimensión de la inversión que hay que hacer para empezar a resarcir, dar empleo y generar riqueza en zonas asoladas por la violencia vieja de 50 años. (¿O más?)

Y, sin entrar a preocuparse por la justicia transicional que debemos dejar en manos de sesudos comentaristas legales, un desarrollo que toca advertir son las consecuencias de múltiples factores adicionales de violencia como paramilitares, bacrims, narcotraficantes y el remanente no político de lo que quede de las propias FARC, amén de la vulgar delincuencia común que, es de verdad, el asunto que más preocupa a los colombianos urbanos.

Allí debe concentrarse el mayor esfuerzo de las autoridades que deben ejecutar la poderosa idea que señala que el estado debe ser el único guardián del uso legítimo de la fuerza.

Darío Vargas

Socio Senior

Dattis

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