19 May, 2013

De Internet y otros demonios

No hay peor tragedia que la ausencia de regulación en un mundo donde la democratización, de absolutamente todo, hasta de la intimidad de las personas, está a la orden del día. Sin sonar extremadamente tradicionalista, hoy se plantea un problema de fondo referente a la poca regulación que existe sobre internet y en general sobre el accionar de cientos de cibernautas que transitan, opinan, describen y son actores del mundo digital.

Mucho se ha hablado de la posible desaparición de los medios impresos, de cómo van a migrar al espacio virtual, pero poco se ha dicho sobre dos temas puntuales: 1) la necesidad de tener límites y herramientas para controlar comentarios que puedan dañar de forma permanente la reputación de personas pero también de compañías y entidades públicas; y 2) el inminente nacimiento de televisión en internet que le permite al televidente escoger qué ve y qué no, de qué se informa y de qué prescinde.

El primer asunto tiene su origen en lo no virtual, pero sí en el día a día de nuestros países, un ejemplo claro son las recientes declaraciones del Presidente Venezolano en contra de Álvaro Uribe Vélez. Más allá de los improperios habituales, ésta vez el comentario se excedió hasta el punto de ser una acusación formal, tildando al Presidente de asesino. Las herramientas legales para defender la reputación de nuestro ex mandatoria son pocas, aunque legalmente se quiera apelar a instancias internacionales. Ahora bien, si trasladamos el comentario a internet, específicamente a una red social como Twitter el margen de defensa es aún menor y el daño también está ya hecho.

En ese sentido se hace imprescindible que los países creen regulaciones que permitan salvaguardar la reputación de personas naturales y jurídicas y castigar a aquellos que, sin fundamento, traten de dañar a terceros.

El segundo asunto, más reciente y menos estudiado, responde a la moda de poder ver series, películas, documentales mediante páginas web, caso youtube (con más limitantes que otras) y ahora Netflix, la cual anunció que entrará de lleno al negocio de distribución de televisión, comprando material realizado por distintas productoras. Con esta opción los televidentes pueden seleccionar qué quieren ver, sin importante el momento, o la hora. Indudablemente, es un avance fundamental en la democratización de la información y además supone un reto esencial para los tradicionales operadores y productores de televisión. Sin embargo plantea un interrogante, que incluso puede sonar retrogrado y es: ¿están los internet videntes consientes de qué hay que ver? O ¿solo buscan entretención a menores costos?

Una de las funciones de los canales de comunicación (televisión, radio, prensa) es a su vez informar a la ciudadanía sobre aspectos que son fundamentales conocer para tomar, en ciertos momentos, decisiones informadas, es decir educar sobre temas que nos competen a todos, si el canal cada vez se desdibuja más la certeza de que la información llegue se hace más baja. Entonces tenemos una responsabilidad adicional: que los medios busquen la forma de que la información llegue y hacerle entender a los ciudadanos que hay ciertos temas de los que no se pueden abstraer.

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