6 September, 2016

¿Educación de paz?

Educación de paz

“Sí a la paz”, la campaña que ha sido lanzada por el Gobierno para buscar que los colombianos aprueben democráticamente los acuerdos en La Habana, tiene largo camino por delante, y con grandes baches. El “Sí”, a pesar de que la Corte Constitucional aprobó un umbral mucho menor a lo que la ley establecía, tiene dos grandes contrincantes: el “No” la bandera de campaña de la oposición y la siempre existente “Abstención”. Así, el equipo liderado por el presidente Gaviria tendrá el gran desafió de que el país apruebe por este mecanismo de refrendación lo pactado en Cuba.

Con este reto, el Gobierno también enfrenta la gran tarea de dar a entender lo que en La Habana se habló. Y es que la pregunta del plebiscito no será si se está de acuerdo o no con la paz; será si se está de acuerdo o no con lo que en Cuba ambas partes han negociado sobre una agenda de seis puntos.

El Gobierno ha tratado a lo largo de estos años de ejercer un rol pedagógico de cara a la opinión pública y en un comienzo esto había tenido resultados, lo que le pudo haber generado una idea de confianza que con el paso del tiempo se ha deteriorado. A diferencia de otros procesos de paz adelantados en el país, como el caso M-19, no existía una oposición sistemática a lo que se estaba negociando. Entonces, el Gobierno, a pesar del esfuerzo que ha realizado para evidenciar los réditos sociales, económicos, políticos, etc., que conlleva la paz en Colombia, ha tenido que cambiar una serie de discursos y lanzar una fuerte campaña alrededor del “Sí”, que hasta ahora comienza.

Es claro que el plebiscito no era una figura obligatoria de legitimación que debía adoptar el Gobierno, así como el Brexit tampoco lo era en el Reino Unido. Lo que nos diferencia es que la idea de confianza sobre un resultado positivo del plebiscito en Colombia ya no existe, pero sí un desconocimiento generalizado de qué pasaría en caso de ser negativo el resultado, además de a qué tendrían que votar los colombianos “Sí” o “No”. Por otro lado, el sentimiento nacionalista por el cual abogó el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, en el país cada vez se desdibuja más, puesto que al “bus de la paz” hasta la más acérrima oposición se ha subido, aunque con argumentos como “queremos paz sin impunidad”.

Ahora el Gobierno, con su nueva estrategia discursiva, evidente desde la participación del Presidente Santos en el World Economic Forum, debe tratar de educar y bajar una densa información de los acuerdos hechos en La Habana y demostrar la capacidad que tiene para enseñarles a los colombianos lo que realmente legitimarían en caso de votar positivamente en el plebiscito. Pero, como ya se ha dicho en repetidas ocasiones, esta no es la paz del Gobierno Santos y por eso entidades como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo se han sumado a una labor de pedagogía sobre la paz, no sobre los acuerdos, sino con el fin de buscar por medio de talleres regionales la comprensión de las necesidades prioritarias de diferentes zonas alrededor del territorio nacional en materia de derechos humanos y paz.

Falta ahora, y aunque se entienda en un principio como una tarea política, crear una pedagogía sobre lo que realmente se acordó, por lo que se votará, por lo que el país decidió reelegir una política de Gobierno y, sobre todo, para no seguir cometiendo los mismos errores de otros, de votar conscientemente y con conocimiento sobre algo que cambiará radicalmente el curso del país, sea un “Sí” o un “No”. Por lo tanto, sí es necesaria una educación de paz, una que logre llegar a todos los niveles de la sociedad para que el día en que cada colombiano ejerza su derecho a votar, lo haga responsablemente.

Por: Mauricio González, director de proyectos

(La opinión personal del autor no expresa la posición empresarial de Dattis)

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