21 June, 2017

La seriedad va más allá del traje

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Hay un viejo refrán en el mundo de la consultoría que dice lo siguiente: “todo comunica”. Un estribillo que permite diversas interpretaciones, especulaciones, afirmaciones e hipótesis. Sin embargo, todo el mundo concuerda en que dicho concepto sugiere que la comunicación es, en su esencia, multidireccional. Que aunque uno se encuentre en el lado receptor de la información, también produce mensajes de manera simultánea.

El lenguaje corporal, la presentación personal, los modales a la hora de comer, los gustos musicales, entre muchos otros, comunican cosas y nos permiten sacar información amplísima acerca de alguien. Ese principio de multidireccionalidad hace que la comunicación sea supremamente didáctica y, más interesante aún, evolutiva.

En este último concepto se concentra esta reflexión. La semiótica afirma que el lenguaje es una construcción humana y, como tal, está sujeta a los cambios que se dan en la sociedad. Basta con escuchar a una persona mayor de 50 años para vislumbrar lo mucho que ha evolucionado el lenguaje en el transcurso de solo una generación (y lo seguirá haciendo).

Sin embargo, aunque generalmente detectamos con facilidad los cambios en el lenguaje, muchas veces somos inconscientes de los cambios que se dan en otros aspectos de la comunicación. Tomemos los códigos de vestimenta, por ejemplo. Durante décadas se manejó la idea de que el traje y la corbata significaban seriedad y clase. Esta vestimenta corporativa era un símbolo de profesionalismo. No es casualidad que muchas oficinas del mundo corporativo todavía exigen a sus empleados usar traje y, en el caso de las mujeres, falda y tacón.

Pero estamos ante un cambio innegable. El profesionalismo dejó de ser un atributo exclusivo de la corbata y la generación del mileno interpreta que la seriedad va más allá de un traje. No hay nada de malo en usar traje, vale la pena aclarar. Cada lugar de trabajo es libre de poner sus propias reglas en cuanto concierne a los códigos de vestimenta.

Pero como consultores de comunicación y conocedores del lenguaje, es nuestro deber hacer este tipo de preguntas si entendemos que estamos ante un punto de inflexión. Es necesario preguntarse ¿Por qué no usar jeans los miércoles? ¿Qué mensaje transmite alguien que decide no usar corbata? Vayamos más allá, inclusive, ¿Qué mensajes nos mandan los tatuajes de nuestros colegas? ¿Qué tatuajes son aceptables mostrar y cuáles se deberían cubrir?

Si una imagen vale mil palabras, un tatuaje vale mil historias. Pocas cosas dicen más sobre una persona sin tener que decir absolutamente nada como sus tatuajes. Es curioso el tipo de conversaciones que aparecen y las conexiones que se forman a raíz de un poco de tinta y unos pinchazos.

Y en cuanto a Bogotá se refiere, la paleta es infinita. Basta con salir a la calle para toparse con toda clase de pintas, fachas, peinados, tatuajes, piercings y demás. Tatuajes originales, coloridos, trillados, frescos, antiguos y abstractos; personas con piercings en sus narices, orejas, cejas, bocas y lenguas; peinados largos, cortos, vanguardistas y chistosos; pintas conservadoras, rockeras, punkeras y audaces. Expresiones que nos muestran que Bogotá es una gran explosión de variedad y color que nos salpica a todos los que habitamos en ella. Alguna vez escuché a alguien decir que los bogotanos somos el fiel reflejo de sus grafitis: existen desde los maravillosos murales de la 26 y la Candelaria, hasta los que vandalizan los monumentos porque algún ciudadano le dio por escribir viva Millos o amo a Pipe, con toda una gama gaseosa intermedia.

Por eso, en una ciudad tan grande y diversa, tan caótica y maravillosa como Bogotá, no podemos anclarnos en el pasado. Tenemos que entender que, así como el lenguaje y la sociedad evolucionan, también lo hacen los códigos de oficina. Tarde o temprano el mundo corporativo se dará cuenta que si sigue empeñada en obligar a sus empleados a usar trajes y tapar sus tatuajes y piercings, un día se quedará sin gente que contratar.

Por: Mauricio Williamson, Analista de comunicación

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