9 May, 2017

Por qué las personas no recuerdan su marca

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Por Víctor Araujo, Director de Proyectos

¿Es capaz de recordar más de 100 comerciales publicitarios? Seguramente no, a pesar de que según cifras de Liquid Thinking Group, una persona es impactada 3.000 veces de manera diaria con todo tipo de anuncios.

No está sufriendo de una especie de amnesia selectiva, pero ¿por qué no la recuerda? Millones de productos y servicios compiten diariamente, algunos por primera vez, por ganarse un espacio en la mente y el corazón de una persona.

La razón de la “amnesia” radica en la desconexión que existe entre la marca y el consumidor al no poder desarrollar relaciones mutuas de valor. En resumen, la inhabilidad que tiene la marca de seducir.

En mi último artículo ¿Por qué compramos experiencias? Mencionaba que Nathan Shedroff clasifica en cuatro las fases para diseñar una experiencia de marca. La seducción es la primera, pues supone ser el detonante para conducir/empujar/arrastrar al consumidor hasta nuestra propuesta vivencial.

¿Qué podemos hacer para recuperar el encanto?

El psicólogo, economista conductual y fundador del Centro de la Retrospectiva Avanzada, Dan Ariely, señala que deberíamos dejar de pensar en lo que queremos vender, para centrarnos en cómo queremos hacer sentir al cliente.

Para conseguir esta conexión emocional, Ariely plantea la necesidad de preguntarnos en qué negocio estamos realmente. Es posible que lidere una empresa que se dedica a la producción de calzado deportivo, pero que realmente sea la precursora de un movimiento de personas que buscan afrontar las pequeñas tareas de la vida con mejor actitud ¿Tiene una panadería? o ¿empezó a vender el cariño de siempre y la unión de las familias? Cuando identifique la naturaleza del negocio, más allá de su producto, podrá empezar a construir mensajes, acciones e innovar para impactar a su público objetivo.

Cualquier producto puede cautivarnos siempre y cuando sea algo más grande que el producto en sí, pues todos queremos ser parte de algo mayor a nosotros. Esta, en definitiva, es la promesa irresistible y el subtexto por el que nos dejamos seducir de las grandes marcas una y otra vez.

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