13 June, 2017

¿Y si planeamos antes de la crisis?

crisis

 

Cuando, de un momento para otro, una compañía se ve inmersa en una situación que amenaza su buen nombre, que pone en entredicho su actuar y por ende en riesgo su negocio, siempre aparece una gran pregunta ¿podríamos haberlo evitado?  

Pocas veces una organización que asesoro me pregunta si creo que podían haber evitado una crisis, pero cuando lo hacen mi respuesta es concreta: es altamente probable, que en algún momento la compañía haya podido hacer las cosas diferentes, pero también puede ser que a pesar de cualquier esfuerzo, fuera inevitable que se presentara. Eso si, lo que si no tiene ‘perdón’ es no haberse preparado, no haberse tomado el tiempo para reflexionar, para pensar en época de calma, y tener la casa en orden antes de la prueba de fuego.

 

Es decir, claro que la gestión es un determinante, hacer las cosas bien, de manera responsable, con ética, con compromiso, pensando en las consecuencias, actuando con cautela, y en el marco de la legalidad (aunque debería sobrar decirlo, pero no), mitiga las posibilidades de que una crisis se presente, no garantiza que no suceda, por eso reitero: no tiene ‘perdón’ no prepararse.

 

Aunque hoy en día muchas, aunque no la gran mayoría de las compañías, pueden ‘dormir tranquilas’, sabiendo que, por lo menos en lo que está a su alcance, se encuentran preparadas. Es normal encontrar que algunas otras nunca se les ha pasado por la cabeza pensar en planificar, o incluso es normal encontrar que tienen un manual de crisis pero que, por ejemplo, los riesgos que contempla están asociados a hechos externos, en su mayoría fortuitos, sobre los cuales se tiene cero o muy bajo grado de influencia en su ocurrencia: un desastre natural, un cambio inesperado en la legislación, una alteración del orden público, entre otros. Pero qué pasa con aquellos que son propios de la compañía, esos que están inmersos de manera directa en la gestión propia del negocio, en su día a día.

 

Resulta lógico encontrar, entonces, que aquellas compañías mejor preparadas para una crisis reputacional, suelan ser las que más importancia y atención le prestan a las comunicaciones corporativas, son las que más se preocupan porque la percepción que tienen sus públicos de interés sobre ellas, sea el resultado de acciones planeadas e intencionadas y no producto de un posicionamiento fortuito y circunstancial.

 

Y así, sin pensarlo, sin esperarlo, sin quererlo, se presenta una crisis, y de manera obligatoria la compañía debe afrontarla. Y aquella asignatura pendiente se convierte en el centro de atención, aquel tema que siempre fue irrelevante hoy es crucial, hoy es el que puede, incluso, determinar el futuro del negocio. Ese es el instante en el que todas las miradas se centrar en ‘el de comunicaciones’, cuando durante meses o hasta años, comunicaciones fue la última prioridad, termina siendo, paradójicamente, el primero en pasar al tablero, exigirle que solucione y responsabilizarlo por las consecuencias.   

  Por: Gabriel Orozco, Gerente de Estrategia

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