27 March, 2017

Comunicación y cultura, el mercadeo del ocio o una verdadera aproximación cultural

Comunicación y cultura

A pesar de que el arte es considerado una forma de comunicación (subjetiva), el estudio y el análisis de la historia del arte han sido determinantes en la construcción de los compendios históricos de la humanidad. Es así, como el diseño de estrategias de comunicación para la actividad artística, y en términos generales para las industrias culturales, representa un reto mayor de lo que significa para los diversos sectores económicos, puesto que en su desarrollo se debe jugar con conceptos tan amplios y diversos como identidad, expresiones, opiniones y críticas.

Con la globalización y un mayor número de economías emergentes, el arte se convirtió en uno de lo destinos preferidos para la inversión. Su “masificación” inició la competencia por el posicionamiento del artista más valioso. A diferencia del comportamiento del sector financiero, bancario o de los commodities, esta industria ha evidenciado un comportamiento totalmente diverso con la cotización de artistas modernos y contemporáneos en una dinámica en la que la demanda supera la oferta.

Y si llevamos la actividad artística a terrenos más ligeros, como el cada vez más creciente mercado del ocio, la calidad, el ser bueno, no es suficiente. El reto es tener la capacidad llegar a los diversos grupos de interés en medio de la actual marea de información que bombardea dichas audiencias. “Siempre que el arte deja el entorno familiar de un teatro o un museo, cae presa de diferentes opiniones, apreciaciones y comentarios. Por esta razón, no tiene ni siquiera que halagar el compromiso social o activismo político. Todo el arte hace una declaración sobre la sociedad para una particular parte de la sociedad. En otras palabras el arte es relacional”[1].

La cultura y actividad artística van más allá de la obra, de la muestra, de la expresión y del museo. La planeación urbana y el desarrollo de políticas públicas en torno a estas dinámicas han sido puntos de encuentro entre gobierno, comunidad, artistas, coleccionistas (inversionistas) y por supuesto la empresa; y la comunicación es la encargada de generar un engranaje, o al menos de apoyar el funcionamiento de un mecanismo de gestión que ha permitido dar vida a casos interesantes como el de Bilbao (España)[2]. Con planes de rehabilitación y de desarrollo, y con el involucramiento de personalidades totalmente vanguardistas como lo era la genial Zaha Hadid, en esta ciudad vasca se desplazaron los espacios ya decadentes industriales, por arriesgadas apuestas turísticas y culturales. Por supuesto, primero fue la planeación, seguida por una efectiva ejecución, que continuó y aun permanece apalancada por un proceso de comunicación que ha jugado con los conceptos de identidad, expresiones y ruptura, dinámica que hoy hacen de Bilbao no solo una ciudad con un museo (Guggenheim Bilbao), sino una ciudad cultural.

La comunicación no es algo menor o superfluo en el complejo entorno cultural, y un ejemplo de ello es el hecho de que una renombrada institución como la Tate Gallery haya decidido repensar la forma como venía posicionándose y contratar al asesor de comunicaciones estratégicas y relaciones públicas de la revista Vogue[3], esto sin el fin de compararse con el mundo de la moda, pero sí como un caso de éxito de “renacer” en reputación: las revistas de moda. Proceso que ha permitido posicionar a Vogue como pionera, como un fenómeno estratégico en los medios de comunicación escritos al ser de las pocas revistas rentables, con una audiencia cada vez más creciente y con un modelo de constante evolución y reinvención.

Las organizaciones culturales y artistas que no sean capaces de exponerse al alcance de los públicos que pueden estar interesadas en ellos, se perderán en el mar de información que inunda la oferta al consumidor cultural. La comunicación es por tanto necesaria no solo para la fase final de un proyecto cultural (su comercialización), sino que es visto en el mundo de hoy como una gestión que acompaña procesos y permite el desarrollo y la difusión de identidades, que en últimas es lo que define las comunidades y a sus individuos.

[1] GIELEN Pascal (2009). “The Murmuring of the Artistic Multitude Global Art, Politics and Post-Fordism”. Valis, pp 224-225.

[2] http://www.bizkaiatalent.eus/pais-vasco-te-espera/apuesta-de-futuro/industrial-cultural-servicios/

[3] GOMPERTZ Will (2014). “¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno en un abrir y cerrar de ojos”. Taurus, pp 190-193.

(Visited 254 times, 1 visits today)
 
Volver