19 September, 2010

La seguridad en Colombia ya no está segura

A propósito de los recientes resultados del estudio anual de competividad realizados por el Foro Económico Mundial, Colombia solamente subió un puesto en el escalafón, ubicándose en la posición 68 entre 139 paíseshttp://gcr.weforum.org/gcr2010/. 
Entre los temas determinados como fortalezas del país están: la protección al inversionista y la flexibilidad laboral. Ahora bien el tema crítico es, sin sorpresa alguna, los costos del terrorismo. Y es en el asunto de seguridad en el que centraré esta discusión y específicamente en cómo la percepción de la sociedad, se ve afectada por hechos que han sido el pan de cada día de este país en los últimos, y es triste decirlo, sesenta años.

La creciente violencia en las ciudades ha desplazado, parcialmente, el foco en el conflicto armadohttp://www.newsweek.com/2010/09/09/colombia-wrestling-to-quell-local-drug-gangs.html. Es una realidad que la lucha contra las FARC ha sido inclemente y que los esfuerzos de la era Uribe se materializaron en una disminución de la influencia de grupos ilegales en el país. Sin embargo, acontecimientos como ataques de las FARC en El Bagre y en San Miguel sumados a la oleada de crímenes que azotan a Bogotá y a la compleja situación de orden público en Medellín por grupos emergentes, hacen sonar la alarma de que la violencia sigue alojada en zonas rurales y ahora urbanas.

Pero más allá de relatar los hechos o analizar la actuación del Estado frente al recrudecimiento de acciones, me asaltan varias preguntas: ¿por qué la percepción de inseguridad ha aumentado considerablemente en el país si siempre hemos vivido, convivido y en algunos casos hasta nos hemos acostumbrado a la violencia?, ¿Habremos construido un optimismo de país basado en percepciones y no en realidades?

Entendiendo el concepto de seguridad como la ausencia de riesgo o la confianza en algo o alguien, es evidente que en el país estas dos características se han resquebrajado en los últimos meses. Uno de los factores que juega un papel esencial es la salida del poder de Álvaro Uribe Vélez. La seguridad democrática ahora reemplazada por la búsqueda de unidad nacional pareciese perder vigencia en la medida en que las tomas guerrilleras y los ataques terroristas aparecen en la escena nacional. El mensaje de seguridad democrática que antes era claro, contundente, permanente y sobretodo vinculante con todas y cada una de las acciones del gobierno, se ha desdibujado ante un discurso optimista en el que muchos temas se entremezclan pero no se logran determinar las prioridades.

Primer empleo, regalías, reformas al sistema de salud, son entre otros asuntos de los que se ha discutido mucho y son las banderas del actual Presidente, sin embargo ninguno de ellos, además del tema, algo ilusorio de unidad nacional, ha sobresalido como la prioridad impostergable del actual gobierno. Esta situación alimenta las percepciones de inseguridad en la ciudadanía en la medida en que se ha pasado del discurso fuerte y repetitivo del gobierno Uribe al tono conciliador y abarcador de Santos.

Además del tema de comunicación mencionado anteriormente, las características mismas de ciertos ataques como la bomba en pleno centro empresarial de Bogotá intensifican la sensación de inseguridad en el ciudadano. Aspectos tales como la ubicación, el simbolismo del ataque y el impacto en la cotidianidad de la población hacen que un hecho como el ocurrido en el edificio de Caracol Radio tenga mayor resonancia mediática y provoque un efecto negativo en la sensación de seguridad de la ciudadanía.

De acuerdo con la encuesta más reciente de Gallup en la que se indagan a más de 1.200 personas en distintas ciudades del territorio nacional sobre la opinión y favorabilidad de instituciones y gobernantes, se evidencia que desde la llegada del Presidente Santos el tema de seguridad le ha restado puntos después de su aplastante victoria. Sin embargo, si nos ajustamos a las declaraciones recientes del Ministro de Defensa, la situación de seguridad no se ha deteriorado. Al comparar el periodo del 1 de enero y el 4 de septiembre de 2009 y de 2010, se evidencia que los delitos han caído un 5 por ciento, y los que afectan la seguridad ciudadana cayeron en un 8 por ciento.

Lo que evidentemente si se ha deteriorado es el sentimiento de seguridad. Más allá de que el gobierno mediante la Policía y el Ejército sigan combatiendo efectivamente la ilegalidad, las percepciones de los ciudadanos si han cambiado y no necesariamente de forma positiva. Sólo me queda desear que las acciones para reestablecer la confianza de la ciudadanía vayan más allá de los innumerables retenes por la ciudad y partan no sólo del Estado si no de la conciencia colectiva de los colombianos.

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