19 June, 2011

Para que la “educación” no se cambie de carrera

La reforma a la Ley 30 propuesta por el Gobierno Nacional es un punto de partida para un cambio profundo en el sistema de educación del país. Muchas son las críticas actuales a los ajustes propuestos en la normatividad, sin embargo la discusión de intelectuales y políticos se centra en un debate conceptual y teórico calidad vs. cobertura y eficiencia.

Ahora bien, creo firmemente que ahí no está el meollo del asunto, la oposición se sustenta en la creencia de que se está entregando al privado uno de los puntos más sensibles de cualquier política social, en este caso la educación, argumento que irremediablemente cae en la disyuntiva y en la radicalidad entre lo público y lo privado. La inconsistencia creo se basa en la incomprensión de las reformas planteadas y en el trasfondo que de ellas se desprende.

Básicamente lo que se plantea es una Alianza Público-Privada en la que terceros tendrán la opción de financiar, invertir y generar innovación en instituciones que, dadas sus limitaciones económicas, no han evolucionado como se esperaría. Otros ejemplos similares se han implementado en negocios de distinta índole, como son las concesiones aeroportuarias, que si bien difieren en la naturaleza misma de la iniciativa y en la estructura de financiamiento, han evidenciado que el apoyo de empresarios ante una labor que era eminentemente pública ha llevado a resultados bastante exitosos para el consumidor y para el mismo Estado.

Por un lado, comparto con los detractores de la reforma, que la intervención monetaria de los privados en la educación no debe ser excusa para inmiscuirse en la identidad, misión y visión de las entidades educativas. Estos aspectos de contenido deben estar a cargo del Estado y sobretodo deben enmarcarse en una política pública que claramente defina el norte de la educación en Colombia. No obstante, también creo que hay que abrir la puerta para que los privados apoyen la labor de lo público, desde el conocimiento gerencial, desde la experiencia administrativa y más que nada desde la generación de recursos que permitan el desarrollo de infraestructura y de condiciones necesarias para que se de una educación de calidad al mayor número de personas posible.

Y es en ese aspecto en la calidad, en donde los opositores encuentran resguardo, cuestionamientos tales como: ¿por qué se prioriza cobertura y recursos antes que calidad? son los que sustentan su crítica. Para mí la respuesta es clara: no hay educación de calidad sin recursos que así lo permitan. Los recursos son una pre-condición para tener profesores capacitados, instalaciones adecuadas y alumnos motivados.

Ahora, les sugiero a todos que vean la reforma de afuera, que den dos pasos atrás como si estuvieran en un museo mirando una obra Picasso, que solo verán y entenderán desde lejos. Detrás de los ajustes se subraya la importancia del modelo de Alianza Público-Privada, que en Colombia se ha implementado en repetidas ocasiones y de manera tangible, y además exitosa. Uno de los casos más evidentes sucede en Barranquilla, ciudad que más allá de ser un modelo de gestión pública http://www.barranquilla.gov.co/documentos/SocializacionPlan2008-2011.pdf se ha convertido en la muestra del éxito de una alianza entre el Estado y los empresarios.

Actualmente, y desde la Universidad del Atlántico se ha afianzado un trabajo conjunto con el sector empresarial no sólo en temas de calidad de educación sino en aspectos tan importantes como posibilidad de que exista doble titulación y el fortalecimiento en idioma inglés, para que los estudiantes tengan las competencias necesarias para afrontar la cada vez más exigente demanda del mercado y del mismo sector privado.

Pero más allá de un ejemplo puntual de ciudad (ver caso de Perú y Bolivia http://www.equip123.net/EQ_Review/3_1.pdf), la necesidad de financiar la educación es un requerimiento nacional que no se puede ni se debe circunscribir exclusivamente al sector público porque el ámbito privado es a su vez quien se nutre de lo cosechado en universidades y colegios por ende debe tener un rol activo en la construcción de capital. Y es allí, en esa discusión del rol y del trabajo conjunto en donde debería centrarse el debate, no en los egos heridos de quienes consideran que el financiamiento coartará las ideas de la academia y las encerrará en la celda del mercado y de la competencia.

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